sábado, 9 de junio de 2018

EPITAFIOS INCOMPLETOS de María Luisa Domínguez Borrallo


EPITAFIOS INCOMPLETOS de María Luisa Domínguez Borrallo



VENCER

 Yo que he circunvalado los abismos,
que he roto el desgarro de la voz al viento,
que he subyugado a fantasmas reales
y me he dejado vencer por los inexistentes.
Yo que bordeo la vida muriendo
sin saber a qué velocidad desaparecen los precipicios,
ni cuanto espacio debe separar una caricia de otra.
Yo que he sido la diana de tus discursos
y la grieta de tus dardos.
Yo he sobrevivido, te he sobrevivido “vida”
a este lado de la muerte.

© María Luisa Domínguez Borrallo


EPITAFIOS INCOMPLETOS de María Luisa Domínguez Borrallo


Fotografía de Manuel Gonzalez Flores perteneciente a la serie "Epitafios Incompletos"

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(Epitafios Incompletos – Amargord 2018)






miércoles, 6 de junio de 2018

II ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA “CIUDAD DE CABRA”




HILOS DE NOCHE

 “Tiré de un hilo de luna
y deshilachado el cielo…”
Dani Mouscugat




¿Recuerdas aquel atardecer junto a la orilla?
Sí, mujer, durante un buen rato fui tirando
del ovillo de la noche,
y un enredo de lana plateada
se fue comiendo mis cabellos. Serpentinas
negras hilvanaron mis ojos
y de plata pura mis pestañas. Solo
el mar pudo lavar, y de sal, tanto silencio
como alborotaba nuestras sábanas. Te dije
entonces:— Sueña,
ay mía, que la marea está alta
y no me mientas, agotado
como estoy de naufragar cada noche
y sin tu voz
acariciándome al alba. Ven,
acércate y deshilvanemos
juntos nuestra almohada tirando de sus hilos
hasta desnudar a esa Luna
que con tanto celo ilumina
y sin piedad, nuestras ventanas.

© José Antonio Fernández García

II ENCUENTRO INTERNACIONAL DE POESÍA “CIUDAD DE CABRA”-María José Feria, José Antonio Fernández García

Foto de la luna sobre la muralla de Cabra (Córdoba)

© María José Feria

viernes, 9 de febrero de 2018

A BORDO DEL MAR de José Antonio Fernández García

A BORDO DEL MAR de José Antonio Fernández García

A bordo del mar es altísima poesía que emociona. Una escritura sencilla e inconfundible con su propia música que es la voz del poeta.
Versos pausados que no se aceleran, una versión irreal con una veracidad tan auténtica que sacude constantemente, y el que lee vislumbra destellos de insistente sensualidad inconclusa que te asalta y te conmueve.

Estos poemas tienen ese atractivo deliberado de lo que se interrumpe en el tiempo, sencillamente, no debe concluir como le ocurre a las incesantes olas del mar que golpean la orilla. El lector intuye lo que falta, lo completa y se deja seducir porque es arte y nos acerca a nosotros mismos.

José Antonio Fernández posee un elegantísimo control de las palabras, de la propia construcción del amor y del mar. He aquí tal vez la base del misterio: ¿Interpreta el mar el papel de la amada?

Son innumerables las alusiones al mar no sólo como una construcción simbólica sino que responde a una necesidad interna de colocarse uno frente al otro, como planeando un cambio, pero nada cambia, todo permanece inalterable y legítimo.
El amor echa raíces al lado del mar, del que se nutre. ¿Acaso no comparten las mismas letras? No sólo es nombrado, sino que lo interioriza y lo plasma en bellísimos versos.

El mar es objeto central de culto, se convierte en el testigo con una relación tan estrecha con el autor que están puramente entrelazados. No es la herida, es el remedio. Versos que respiran en la orilla como el que no sabe nadar, pero aún así se embarca.




A veces sueño

A veces sueño contigo,
y esas noches no son noches de ceniza,
ni enredan sus dedos rotos
en la esfera de un reloj nuevo de arena
todas aquellas mentiras
como ensombrecen la luna
con sólo darme la vuelta.

A veces sueño contigo
y estoy a tu lado, y tú a veces
estás conmigo, y esas tardes
brilla la luna en el cielo
como rumores de trigo abanicando
el horizonte, a la vez
que hilvanamos poemas sueltos
sin abrir ni tú ni yo apenas la boca.

Y hay veces en que por no soñar, ni existimos.
Son noches de versos sin medida
donde el crepúsculo se confunde sigilosamente
con los silbidos de las olas
sin darles siquiera sentido.
Son atardeceres ni tuyos ni míos
donde algunos días aparece de repente
junto a la orilla
un niño vestido de nardos
y que sonríe mientras señala a Venus
y sentencia
que se trata sin más de un planeta.
Son noches en blanco,
no tuyas ni mías,
donde sencillamente
nadie obedece
a la arena cristalina
que besan las aguas en su esencia
ni la luna intima con el mar en el horizonte.
Son sencillamente noches de ciencia.

Mi enhorabuena por este bellísimo poemario.

Melodía…


           


libros a la deriva…


domingo, 7 de enero de 2018

ARGUCIAS DE DONCELLA de María José Feria


ARGUCIAS DE DONCELLA de María José Feria

Quien piensa en el mar, siente su murmullo incluso en el interior.
(Józef Bułatowicz)

ARGUCIAS DE DONCELLA son poemas que expresan una gran sensibilidad juvenil y entusiasmo romántico en un intento revelador de superar antiguas tristezas, un propósito de comprender el mundo, y una desconfiada lucha en forma de evasión.

El mar es el punto de partida con una fuerza mágica vinculada a los orígenes de la vida. Regresar al mar es devolverle al mar lo que era suyo. La luna y el viento son también responsables de nuestras estampidas y están presentes en aquellos temporales cuando sorteamos las pruebas más intensas sin tener donde guarecernos.
Y siempre surge el amor y el desamor enturbiándonos sin que podamos discernir lo que es real o no porque todo parece perfecto, el dolor, el amor, y la muerte.

LAS OLAS SIEMPRE TRAEN RECUERDOS

Quién pudiera recobrar el sabor de aquellos días…
La caracola solloza dormida
escuchando los ecos de las olas,
su carita humedecida,
el mar, siempre el mar, la mar,
caracola herida.
En los brazos del viento se quedaron colgados aquellos días…
El aire del sur me llevará,
nos fugaremos jugando a trenes,
correremos veloces
con todas nuestras fuerzas.
Atrás quedarán las tierras áridas,
tierras púrpuras y granas de amapolas.
Me iré sin volver la vista
mientras los girasoles nos miran.
En los brazos del viento me iré a buscar aquellos días…
Y el mar, siempre el mar, la mar, caracola herida.
  
 © María José Feria



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ARGUCIAS DE DONCELLA de María José Feria


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